La Vanguardia – Magazine – Barcelona 19/04/2009
EL TURISTA ECOLÓGICO
Quim Monzó
Ahora que hemos dejado atrás la Semana Santa y vamos hacia el verano, empiezan a
aparecer consejos para ser turista respetuoso con la naturaleza. Han descubierto
que los movimientos de millones de personas –para pasar unos días al sol o
extasiados ante monumentos antiquísimos acabados de remodelar- no son buenos
para el planeta. Que las cosas quedan hechas una piltrafa. Que cada año hay más
puertos deportivos. Que las playas se regeneran cada vez que hay un temporal las
hace desaparecer y que, para ello, remueven sin piedad los fondos marinos. Que
ciertas áreas triplican su población con la llegada de hordas que no distinguen
Dubrovnik de Benidorm. Que los hábitats se destruyen, que la diversidad
biológica es cada vez menos diversas y que la cosa irá a más.
Es tal el apocalipsis, que la lista de consejos para el turista responsable se
amplía cada año. Son interesantes. De entrada, hay que concienciarse de que, si
viajamos en avión, con las emisiones de CO2 del aparato contribuimos de forma
nefasta al cambio climático. O sea, que es mucho mejor buscar destinos cercanos
o, si estamos emperrados en visitar Papúa, por ejemplo, ir en barca. Hay que
tener fuerza de voluntad, pero el turista ecológico debe tenerla. Claro que
viajar en coche también provoca emisiones de CO2. Menos que las de un avión,
pero las provoca. Por eso aconsejan utilizar –"siempre que se pueda"-
transportes públicos. ¿Ir en tren o en barcaza? En Francia usan mucho la
barcaza. La llaman "péniche", y es muy ecológica, pero limita bastante el
recorrido, y a veces sucede que hace cuarenta años que cada verano vas por los
canales de Francia y te apetece conocer otros lugares, ni que sea para variar.
Si aparcas la barcaza, lo ideal es la bicicleta, pero poca gente es capaz de
llegar a Praga –pongamos- a golpe de pedal, y menos si nos llevamos a cuestas al
abuelo con su bombona de oxígeno.
Si a pesar de las dificultades el turista ecológico consigue llegar a su
destino, el hotel donde duerma debe tener sistemas de reciclaje de residuos y
utilizar fuentes de energía renovables. O sea que nada de meterse en internet,
teclear, levantar la cabeza y decir: "Ya he reservado hotel". Ser turista
ecológico exige descolgar el teléfono y, antes de reservar habitación,
interrogar: "A ver, ustedes, ¿los residuos cómo los reciclan?". Si el hotel
consigue superar la prueba y reservamos, una vez allí deberemos rechazar el agua
embotellada del minibar. Exactamente el consejo es: "Hay que ahorrar agua. En
vez de darnos un baño, nos ducharemos, y en vez de consumir agua embotellada,
esterilizaremos el agua del grifo". ¡Esterilizar el agua del grifo en plenas
vacaciones! Eso sí es amor al medio ambiente. Y si vamos a un campo de golf, nos
aseguraremos de que el agua con la que riegan el césped sea reciclada. A fin de
verificarlo, nos dirigiremos a recepción y exigiremos ver los comprobantes. Si
abren ojos como platos y balbucean: "¿Cómo...?", se lo volveremos a explicar,
tantas veces como sea necesario. O eso, o nos quedamos en casa. Porque, de
hecho, el auténtico turista ecológico –el ecológico de verdad- se queda en casa.