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35174Muere Chinua Achebe, padre de la literatura africana

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  • Uba Budo no coração
    Mar 23, 2013
      El País 22 MAR 2013
      http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/22/actualidad/1363964850_382637.html

      Muere el nigeriano Chinua Achebe, padre de la literatura africana
      El autor de 'Todo se desmorona' fue uno de los primeros escritores que
      hizo universal la literatura moderna de su continente
      Reivindica el diálogo para construir una cultura universal
      Premio de la Paz en la Feria del Libro de Fráncfort
      'Todo se desmorona', y el conflicto entre lso valores europeos y África

      DONATO NDONGO-BIDYOGO Madrid

      Chinua Achebe, quizás el escritor más influyente de África, acaba de
      fallecer. Nació en Ogidi, sur de Nigeria, en 1930. Educado en el
      cristianismo, desde temprano sintió la necesidad conservar sus señas
      de identidad, permaneciendo fiel a su cultura ibo. Mientras estudiaba
      Historia y Teología en la Universidad de Ibadán, en su país -entonces
      colonia británica-, dejó de llamarse Albert para recuperar su nombre
      tradicional. En esa época, y en la misma prestigiosa institución, se
      forjó una formidable generación de escritores, vanguardia de las
      letras africanas en lengua inglesa: John Pepper-Clark, Cole Omotoso y
      el premio Nobel Wole Soyinka. Nombres como Amos Tutuola y Cyprian
      Ekwensi también destacan en una lista más amplia de quienes durante
      más de medio siglo han marcado las líneas básicas de la literatura
      moderna africana, creando una escuela que continúa en autores como Ben
      Okri o el inolvidable Ken Saro-Wiwa, paisano de Achebe, ahorcado en
      1995 por la ominosa dictadura del general Sani Abacha.

      Una de las características esenciales de estos creadores es la
      utilización de la lengua inglesa -impuesta por el colonialismo- para
      sus propios fines. Lo importante no es el perfeccionismo academicista,
      sino la transmisión de los valores; no rechazan escribir en la “lengua
      del enemigo”, sino que se valen de ella para comunicar y universalizar
      sus emociones, anhelos y frustraciones africanas. De ahí que no
      desdeñen construir su literatura en el inglés sencillo propio del
      común de su gente, en el idioma de los suburbios y de los estibadores
      de los puertos de Lagos o Port-Harcourt. Esa apuesta, además de
      remarcar su grandeza, permite soslayar polémicas un tanto artificiales
      que desde hace tiempo planean sobre las literaturas africanas: el
      papel de las llamadas “lenguas importadas” en la construcción de las
      culturas postcoloniales, o la presunta inutilidad de la literatura en
      sociedades mayoritariamente analfabetas.

      Esa preocupación de Achebe por afirmar las señas de identidad no es
      sólo estética o estilística. Su primera novela, Things Fall Apart
      (Todo se desmorona), publicada en 1958, incide temáticamente en lo que
      se llama ahora “choque de culturas”. El autor propone reflexionar
      sobre el efecto de la penetración de la civilización europea sobre los
      africanos, las consecuencias para una sociedad de la imposición
      violenta y caótica de otra moral, de otras normas, de otros hábitos;
      porque, añadidos los componentes de explotación, rapiña y racismo, eso
      fue la colonización para los africanos. Los efectos son bien visibles
      hoy: un África insegura, carente de los asideros espirituales que
      permiten afrontar los retos de la existencia desde la seguridad
      interior de convicciones propias.

      El éxito de esta novela, traducida a cincuenta lenguas, con más de
      diez millones de ejemplares vendidos, radica en la propuesta de
      Achebe. En aquel tiempo, era facilísimo caer en la tentación del
      revanchismo, del rechazo frontal y virulento de un colonialismo
      opresor que tocaba a su fin. No le hubiesen faltado ni razones ni
      seguidores. Sin embargo, la idea subyacente en Todo se desmorona es
      mucho más racional y humana: Puesto que los hechos históricos son los
      que son y no pueden ser cambiados, la respuesta no es la resignación,
      ni el lamento constante, ni la venganza, sino la búsqueda de fórmulas
      que permitan recobrar el aliento. Él descubrió medio siglo atrás lo
      que para otros es un hallazgo reciente: el necesario diálogo entre las
      culturas, el reconocimiento de la interacción permanente, la falacia
      de la superioridad de unas civilizaciones sobre otras.

      Ocurre a menudo que una obra excepcional eclipsa el resto de la
      producción de un autor. Novelista, poeta y crítico literario, Achebe
      es conocido y reconocido por Todo se desmorona, pero escribió más de
      una veintena de libros, entre los que cabe citar también La flecha de
      Dios (1964), Un hombre del pueblo (1966), Chicas en guerra (1971) o
      Navidades en Biafra y otros poemas (1973). En ellos, vemos a un Achebe
      preocupado por los problemas de su país y de África, una persona que
      da testimonio de su tiempo y deja una huella profunda de su tránsito
      por la vida. Siempre humano y sobrio, no era un ser estridente. Nunca
      puso sus conocimientos ni su valía al servicio de la arbitrariedad.
      Pese a tentaciones y amenazas, no colaboró con ninguna de las
      dictaduras que ha padecido Nigeria desde su independencia. Rechazó
      honores y prebendas para mantenerse fiel a sí mismo. Por ello es un
      símbolo del papel del intelectual en nuestros países convulsos, un
      referente moral. Dejó reflejado este aspecto en su novela Hormigueros
      de la sabana (1987), retrato del fracaso de los intelectuales y de los
      políticos africanos. Su única incursión en la política fue su
      participación en el aparato cultural de la efímera República de Biafra
      durante la guerra civil de Nigeria (1967-1970), experiencia que narra
      en su último libro, There was a country: a personal history of Biafra
      (2012).

      Para Nadine Gordimer, premio Nobel sudafricana, Chinua Achebe es el
      “padre” de la literatura africana moderna. Creemos que el título es
      merecido. En lo personal, y como ya he contado en alguna ocasión, le
      debo mi vocación literaria a Achebe desde que, en mi adolescencia,
      cayera en mis manos su primera novela. Fue fascinante descubrir que un
      negro, un negro africano, podía contar historias que yo mismo llevaba
      en mis genes. Achebe me dio los ánimos, la motivación, el tono. Y como
      se puede reconocer con facilidad su huella en escritores africanos de
      otros ámbitos linguísticos -por ejemplo en el congoleño Sony
      Labou-Tansi- debemos reconocer su influencia decisiva en nuestro
      oficio y su maestría en el servicio a la causa de la dignificación de
      nuestro continente.

      Achebe no ha muerto en su país, sino en Estados Unidos, donde vivía
      desde que en 1990 un accidente de tráfico le postró en una silla de
      ruedas: la postrera metáfora del sino de millones de africanos que,
      por múltiples razones -todas relacionadas con el subdesarrollo de
      países sin embargo riquísimos- estamos obligados a padecer la
      expatriación.

      * Donato NDongo es periodista y escritor ecuatoguineano.